¡¡¡Dos Bolívares por favor!!!

Viernes, 6:40am. Camino las seis cuadras que están entre mi edificio y la estación del metro. Llego a la estación y me sumerjo en las entrañas de la tierra ayudado por las escaleras mecánicas…; esperen, no (las escaleras mecánicas no funcionan) desciendo a las entrañas de la tierra bajando por las escaleras fijas. Me toco el  bolsillo y me doy cuenta que están vacíos excepto por el teléfono celular y las llaves, no tengo más nada.

     Sacó la billetera de mi bolsillo trasero. Desierta, excepto, por dos bolívares.

     —Mierda, dejé el dinero en casa. — Solo tenía dos bolívares y me hacían falta dos más para un boleto simple de cuatro bolívares.

     Pues sí. Lo dejé. Entonces, cual mendigo de estación de Metro, me acerco al primer tonto que veo y le digo —¿Tienes dos bolívares ahí que me regales?

    El tipo se comunicó en una serie de murmullos ininteligibles, precedidos por una series de ademanes en los que se tocó el bolsillo y comprendí algo así como: no tengo, ¿qué te pasa?, anda a trabajar vago, o vete a la mierda; algunas de estas es válido.

     No insistí. Acto seguido, me dirigí al siguiente, que estaba a un par de metros del primero. A estas, estoy antes de los torniquetes y cerca de las oficinas, llevo una camisa manga corta a rayas y un suéter marrón, ando en botas y pantalón de mezclilla azul.

    El hombre me ve a la cara y la ropa, y para que entienda le explico en un segundo que dejé el dinero en casa. Lentamente lleva su mano hasta el pantalón y saca la billetera, escoge dos bolívares y me los entrega con la mayor desconfianza que puede expresar su rostro, curiosamente su billetera está tan vacía como la mía, espero no me haya dado todo lo que tenía. Le pego en el hombro y le doy las gracias.

     Me dirijo a la taquilla y compro el boleto simple; menos mal porque ya estaba pensando en colarme por la puerta de servicio y paso de personas mayores. Bajo otro piso hasta el andén y espero el tren que llegó justo cuando abandonaba la escalera mecánica (ésta sí funcionaba). Entro en el vagón lleno, me sujeto de los tubos de seguridad de encima de mi cabeza y cuando chequeo a los lados y a las personas que van sentadas, un hombre de aproximadamente cuarenta y cinco años va leyendo un libro de espías llamado “Solo para tus ojos” de Tim Kring y Dale Peck, que ridículamente no tien nada que ver con Jemes Bond.

     Lo que me llama la atención es su marcalibros, que es, justamente; dos bolívares.

    ¿Se dan cuenta? Dos bolívares no valen nada, no se puede comprar nada con dos bolívares, es hasta un insulto a la sociedad que el bolete de tren valga solo cuatro bolívares, lo que se traduce no solo en la devaluación monetaria, sino en la devaluación del servicio del Metro, que obviamente está hiperdevaluado. Además la expresión de desconfianza de ver a una persona pidiendo en la estación, o en la calle. La gente da dinero, casi que por temor, o para que le deje en paz,  no por generosidad, y menos por la moneda. Una moneda que no vale nada.

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