¿Por qué los niños no están jugando?

     Comienzo a traspasar los límites de mi tolerancia, comienzo a romper los valores que digo poseer y los deformo para crear con ellas palabras que me permitan expresar lo que se muestra como un yerro que socava la esencia más pura de nuestra humanidad. ¿Queremos matar ahora la pureza? ¿Queremos ahora, también, destruir lo que nos confirma que algún día fuimos buenos, amables y hermosos? ¿Queremos borrar la inocencia para que nadie nos acuse de ser unos bárbaros?

     ¿Por qué no están jugando los niños?

escuela

     Como muchos ya saben tengo once años como educador, tiempo que me ha dado un experiencia pasmosa y la inigualable capacidad para reconocer qué está bien y está mal en el universo de la enseñanza y sobre todo en el aprendizaje. Conozco el potencial ilimitado de los niños, su manera creativa de resolver los conflictos, de abrirse paso ante los problemas y su contundente capacidad para crear nuevas perspectivas; cuando, y solo cuando, no los limitamos con banalidades, no imponemos nuestras moralidades y prejuicios y con ellos cercenamos su originalidad e impedimos que su naturaleza fluya constante, a su tiempo y ritmo.

      En nuestra completa ignorancia pretendemos que los niños asuman la carga que tenemos o que reivindiquen nuestras carencias y desgracias. Les pedimos que saluden a desconocidos que solo nos importan a nosotros, les obligamos a comer cosas que ni siquiera nosotros los adultos deberíamos comer, les presionamos para que aprendan a manejar unos conocimientos y un lenguaje que sinceramente no poseemos y que solo es parte de la imitación de las cosas que escuchamos y que falsamente hacemos creer que vienen de nosotros y que las hemos aprendido en la educación formal, deficiente y mediocre de nuestro país. Los obligamos a que lean libros y cuentos que nosotros no hemos leído y que escriban una poesía comparándolos con los “hijos de este Fulana o de aquella Mengana que hace más o menos que tú”, como si fuera una competencia de qué cría tiene más casta que cuál.

     Los presionamos, los obligamos, los disminuimos y los matamos. Creemos que la diversión es mala, que bueno es el trabajo y ganar dinero, porque detrás del noble deseo de “mandar a los hijos a estudiar”  está en sacarles provecho en moneda a la inversión, y que estos, salidos de la adolescencia nos den “utilidades” cómodas productos del largo plazo de espera para que la “empresa ” que es un niño de frutos. La sociedad entiende esto y las escuelas y colegios caen en la desmesurada trampa de la sociedad de padres y representantes, del Ministerio de Educación y demagogia política, adoctrinada y sesgada, en donde el Ministro no sabe ni pimentón de educación porque no fue a una escuela a trabajar ni de pasantías. Divertirse es malo, es perder el tiempo y no da dinero, por lo tanto jugar es malo, por lo  tanto los niños no juegan.

     Por eso la auxiliar de mi hijo de año y medio me reprendió diciéndome, que el niño jugaba mucho en el BABYGYM, que esperaba que para Enero, que pasaba de edad a dos años y por lo tanto , pudiera contar hasta el número 3, recibir órdenes y cumplirlas y responder a una cantidad de habilidades, como pegar recortes de papel en una hoja y tomar el color para pintar un dibujo.

     Camino a casa comencé a revisar en mi amplia y magistral biblioteca de la memoria qué autor habla de que los niños de menos de dos años en etapa “Maternal” debían pintar o rellenar dibujos con recortes y estar conscientes de sus pertenencias. Me descubrí a mi mismo considerando que ni siquiera Jean PIaget en “todo su Gloria” (sarcasmo), el Piaget que ahora es algo anacrónico, hubo formulado semejante atrocidad, cuando apenas en año y medio los niños están en etapa sensoriomotora. Válgame, hay casos de niños que superan las etapas más rápido que otros, pero este niño ni siquiera está en etapa Preescolar, ni siquera existen razones para que un niño en edad Preescolar sepa las letras y los número, menos a leer y escribir antes de entrar a un preescolar, ¿saben por qué? Porque es etapa Preescolar, significa antes de la escuela, es una preparación previa a la educación formal.

     En Venezuela apenas hace treinta años, es decir menos de una generación, los niños entraban a la escuela, a primer grado, a la edad de seis años, muchas veces sin haber ido a preescolar, porque no existía tal concepto o por la poca existencia de preescolares asistenciales. Es decir, ¿qué nos ha dado a nosotros como sociedad determinar que la edad escolar de un infante es a los dos años? ¿Qué estudio nos ha licenciado para hacer que los niños comiencen su educación formal antes de comenzar las etapas de razonamiento concreto y abstracto? ¿Quién nos ha dicho que eso nos dará mejores resultados que niños que estén jugando hasta los cuatro años y que luego comiencen su etapa educacional?

      Déjenme darle la respuesta, Nadie. Ninguna institución, ningún científico, ningún estudio, ningún pensador o pedagogo de renombre ha determinado ni determinará esto. En primer lugar, y no dicho por mí, sino por mis colegas profesores de Investigación Educativa, del Instituto Pedagógico de Caracas y de otros pedagógicos, afirman que en Venezuela no se hace Investigación de impacto. Dicho de otra forma, si se hace un descubrimiento importante en materia educativa o pedagógica, filosófica, a la gente le importa un pepino. Las teorías que se estudian en el pedagógico tiene casi ciento cincuenta años, muchas de ellas son una sarta de tonterías que consiguen mucho respaldo porque son formulitas fáciles de aprender como las Teorías de Piaget, las más novedosas y complejas quedan como curiosidades que son exitosamente aplicadas en países desarrollados e innovadores con magníficos resultados. Como a todo tercer mundo le sorprende que Filandia haya retirado de las escuelas la Matemática y la historia como materia.

     Pero, esto es culpa de nosotros los docentes, al menos los docentes que tienen el poder de transmitir sus pensamientos en los medios de comunicación y que son invitados a la radio y la televisión a dar declaraciones y a mostrar el mundo en qué vivimos, darle a todos la perspectiva maravillosa de ser profesores, las bondades de ver la satisfacción de un niño cuando aprende o de jóvenes que consiguen un título; por el contrario solo asumen la voz para pedir dinero como mendigos en las puertas de una iglesia. Y sé, porque lo vivo, que nuestro salario es un verdadero chiste, pero nuestro trabajo debe hablar por nosotros, y no esperar que nos paguen para hacer nuestro trabajo que debe percibirse y notarse con resultados; porque después de todo la sociedad que tenemos la hemos educado nosotros.

     Lo cierto es que en Venezuela se cree que los niños deben estar en la escuela desde los dos años y ya aprendiendo a leer y escribir de manera que a los diez ya estén graduados y vayan a buscar trabajo para pagar la comida que escasea y que cada día cuesta más. De manera que creyendo que la educación es buenísima dará resultados tremendos.

     Pero, sabemos que no es así, hoy nuestra sociedad es la más violenta del mundo, la que tiene un índice de corrupción social altísimo y la que su presidente dice frente a millones de personas “milímetros de segundo” y donde los niños no juegan sino que son presionados, obligados y forzados a hacer lo que los adultos llenos de ignorancia piensan que es correcto para complacer a los demás. En la que los niños de menos de dos años deben aprender las letras, los números y a rellenar contornos de dibujo con bolitas de papel y a tomar un lápiz y dibujar una casa. En donde los niños ya no juegan.

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