Las Paredes

 Las paredes que se erigen ante mí, no son mías

Me encierran y me detienen, son prisiones imprevistas, hogares de terceros.

Las paredes que se erigen ante mí son silenciosas y certeras; peligrosas, inexpugnables, vacías y densas.

Esas paredes tienen colores que no son propios de mí, otros, conocidos, las pintan así.

No me preguntan nada sobre sus colores. No saben lo que me gusta y lo que quiero.

Soy un desconocido para ellos.

¡Hipócritas!

Las paredes que se erigen ante mí no son estáticas, las esquivo para avanzar adelante y las dejo atrás, pero, cuando siento que las he abandonado, están delante de mí.

Vuelven a levantarse indolentes y erectas, invencibles; místicas e impolutas; odiosas y constantes.

Ahora trepo por ellas.

Dicen sus coloristas que detrás hay un abismo, que debo amar la seguridad que me brindan, la comodidad de contemplar el fracaso y hacerme amigo de él.

Por el cielo que me lanzaré hacia la nada.

¿A  que me libro, de sus dominios  y vuelvo a ser yo mismo?

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