Humor venezolano: Primer Tratado del Insulto

Prefacio

Es preciso aclarar, y no me cuesta mucho hacerlo, que doy testimonio de mi mismo y que mí testimonio es válido, al decir que las cosas que escribo, las escribo con seriedad. Es decir, por lo general, no uso el humor como un recurso válido para expresar productos intelectuales, prefiero, y lo saben, usar la ironía y el sarcasmo, que son mucho más elegantes, que el simple humor prosaico al que estamos culturalmente acostumbrados.

Que al referirme al Primer Tratado del Insulto, merece hacerlo con seriedad. Estoy seguro de que, quizá, en algún momento podrán desternillarse de la risa, podrán batir la mandíbula o sonreír siquiera con la cabeza ladeada o moverla en señal de negativa con el pensamiento de “este tipo está loco”, lo cual es un halago para mí. A pesar de todo ello, éste es un escrito serio, tanto que no comentaré frases obvias ni insultos demasiado comunes;  me esmero porque sea circunspecto, aunque les cause hilaridad, este es un trabajo intelectual, producto de la observación filosófica, de una investigación y del ejercicio científico de desentrañar el misterio parcial, de lo que somos. Así que no se confundan, es un asunto serio, éste del insulto.

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Primer Tratado del Insulto.

     El insulto está desde siempre en las relaciones sociales, no se puede rastrear los orígenes del primer insulto y es posible que el primer insulto haya nacido desde que nació el lenguaje y apareció, al mismo tiempo,  el primer humano estúpido. Lo cierto es que el insulto está estrechamente relacionado con el humor. Se debe ser creativo para insultar, poseer un conocimiento psicológico del otro en cuanto a conducta, inteligencia emocional y desempeño sociológico, además de considerar ciertos aspectos ambientales como el tipo de público en el que se emite el lenguaje peyorativo y el contexto en el cual el insulto se genera y se refiere. No es fácil insultar con pertinencia, con certera puntería con la intención exacta de herir, de humillar y descalificar; además de causar el efecto apropiado de que el público, la gente, los chismosos y mirones, comenten el insulto, lo hagan del conocimiento público y hayan de echarle, debidamente, leña al fuego.

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El objetivo es molestar, hacer arrechar a la persona en cuestión.

No obstante, en nuestra cultura, a la que ataco con desenfrenado desprecio y odio al mismo tiempo que amo con pasión, valoro y defiendo con pertenencia y propiedad; los insultos, disfemismos y eufemismos, son usados de forma fraterna tanto como a manera de desprecio. El ejemplo más simple de esto es la palabra pajuo. Pajuo, es una expresión que tiene varios orígenes discutidos en países de Latinoamérica, sin embargo yo prefiero el origen empírico, el que está más basado con la realidad  o la observación en términos científicos.

La palabra pajuo viene de la observación del entorno, imaginen por un momento a los campesinos venezolanos echados bajo el cují viendo pastar al ganado. A la distancia, las vacas que comen, parece que hablasen entre ellas, la vaca al tragar y llegar el alimento a uno de los cuatro estómagos, se regresa a la boca para continuar siendo triturado y extraído su jugo, al estar juntas y mover el hocico sin volver a probar bocado crea el efecto de que las vacas hablan entre ellas, pero no hablan, es sólo paja. Ellas, las vacas, hablan paja.

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De esta forma todo el hablador de paja es una pajuo. Sin embargo, por muy peyorativa que sea esta expresión, de cierta manera se vuelve fraternal, pajuo es un amigo, un camarada, un hermano, un compañero. Dando pie a expresiones interesantes como: “ese pajuo si es pana”, o “apúrate pajuo que vamos tarde”, o “me tiene preocupado ese pajuo”. Técnicamente, la característica del disfemismo viene dado por el tono de voz, la emoción o por el contexto en el que se emite, así como por la consideración y juicio de su receptor. También la palabra pajuo, se refiere al engaño y la mentira: “hacerse la paja” o “eso es pura paja”; por ejemplo.

Considerando esta cuestión y yendo hacia el siguiente insulto propio, observemos una de las formas más interesantes de llamar al miembro masculino, uno de esos disfemismos que se basan en la observación.

Se le llama al miembro viril masculino guevo. Yo identifico el error en su gramática aplicando la misma idea empírica anteriormente mencionada en el ejemplo de la vaca. Se le llama así por la forma de los testículos. Existe un ejemplo inverso de esta idea, los indígenas de habla náhuatl, apodaron a la fruta del aguacate awa guatl, que significa testículo. Con la misma observación llamamos al miembro viril, por la forma de los testículos, como las posturas de las gallinas: guevo. Existe una discusión en la forma correcta de escribirlo, y esa es tal y como le llamamos a las posturas de las gallinas, la forma correcta: huevo.

Un colega profesor de la UCV, viajó a Paris, Francia, para visitar a un hermano que reside allá. En uno de esos días de visita, me contó que iban por Rue de Rivoli, cuando un peatón se pasó de pronto frente al auto en el que andaban para cruzar la calle; su hermano rápidamente bajó la ventanilla del auto y le gritó una expresión que al peatón le resultó extraña, la frase francesa que quizá, la perdí en mi memoria como él la contó, pero era más o menos así: téter-oeuf, o podría ser sucer oeuf. Aunque mi francés sea vergonzoso, me demuestra algo importantísimo sobre nosotros, nos llevamos a donde vayamos nuestra idiosincrasia. Desde luego que ese parisino no entendió al hermano de mi colega y lo miró con la incógnita dibujada en la cara al igual que su acompañante y hermano, que le preguntó: ¿Qué le dijiste?- A lo que éste le respondió: mamahuevo.

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Sé que es común en todo el mundo gritarle a un peatón descuidado en un cruce de calle, pero lanzarle a otro en un idioma una frase nuestra, pura venezolanidad, cargar consigo una parte autóctona, propia y transculturalizarla, darle internacionalidad, imprimirle un toque exótico en otra lengua; es completamente fascinante.

El insulto mamahuevo como tal, es básico y tabú, implica acusar a otra persona de felación, de practicar la felación. Lo que deshonraría no solo a quién es adjudicada, en ambos géneros, sino a quién la emite incluso. Sin embargo también somos diestros en usarla de manera fraternal a los amigos y cercanos.

Castracionismo. Eh aquí que, como cualquier cultura machista, consideramos un insulto y una ofensa, quitar el miembro viril a una persona aunque esta sea del sexo masculino o femenino; me refiero a la aparición del eufemismo del guevo o huevo, paloma. La paloma es una amable forma de llamarle al miembro masculino, dando pie a que aparezca la palabra despalomado, adjudicándole el prefijo de negación des. Quienes están despalomados, es decir carecen de huevos… terrible insulto.

Despalomados es sin espíritu, son las personas que no tienen voluntad para hacer las cosas, que son torpes, olvidadizos e incapaces. Estoy seguro que todos nos sentimos aludidos, nos sentimos “tocados” en la sensibilidad porque en algún momento hemos sido despalomados, hemos sido olvidadizos y torpes, despalomados. Alguien nos llamó así alguna vez o lo creyó de nosotros y como buenos venezolanos desarrollamos el perfecto “mecanismo de defensa” para esto: ¡ser vivo!

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Es cierto, le tenemos pavor a quedar mal frente a otros, pavor a quedar desmembrados, a no tener paloma, independientemente del sexo; por lo que nos hacemos los vivos, los rapaces y de alguna manera, abusivos; para tener bríos, ñema, huevos y paloma. Sin embargo, más, es malo también. No se puedo ser demasiado dotado porque pecamos igual de torpes, es decir si tenemos mucho huevo, estamos violando el equilibrio y la simetría, por lo que guevón o huevón es también malo. Ser huevón es ser también torpe y descuidado, o si incluso abusas de la viveza; puedes pasar por huevón. Todo en equilibrio. El equilibrio es lógico.

Para concluir este tratado, debo señalar la palabra perfecta, el disfemismo más sublime. Los antiguos filósofos de la era Clásica, los griegos, se destacaron por la creación de conceptos, de palabras para explicar con elocuencia el fenómeno estudiado u observado, o el producto del razonamiento. Ciertamente, esa sapiencia nos dejó un legado de amplitud lingüística que nos sirve para poder dar con lecciones pertinentes y explicar con claridad la verdad, lo factico y los hechos tal y como son con un sencillo concepto.

En este sentido, presento, lo que es indudablemente, el insulto más sublime, el concepto per excellence que supone nuestra capacidad para la creación de palabras que expliquen por sí mismas el fenómeno cosmológico aproximado a la verdad de lo que es un insulto frío y maravilloso. Ese concepto insultante, perfecto y grandilocuente es: aguevoniado o ahuevoniado. Cualquiera puede confundirse, puede pensar que la palabra despalomado(a) y ahuevoniado(a), son la misma, pero si las estudiamos nos damos cuenta que despalomado es una persona castrada, es decir que tuvo miembro y le fue arrebatado por su propia incompetencia; pero, ahuevoniado, es haber nacido sin miembro, es decir, no hay remedio, no se puede componer, no existen vestigios de virilidad, simplemente es así, no lo tiene, no lo tuvo y no lo tendrá jamás. Sin huevos.

Ahuevoniado es un poderoso insulto, perfecto, sublime, con estilo. Nos hace pensar en que las capacidades creativas de nuestro pueblo son infinitas, lo sabemos, lo son, pero quizá, mal aplicada. Una originalidad que no hemos explotado para nuestro desarrollo social, una habilidad filosófica que hemos visto sepultada por el pozo séptico de la política, de la violencia, o del disfrazar todo con el sentido del humor exagerado, o por la ignorancia, una capacidad dormida por la indolencia y el sentido del hastío, del sopor espiritual. Hemos dejado pasar las oportunidades de demostrar nuestro evidente talento y destreza en pro a una mejor nación y pueblo.

Este análisis me permite observar que desde lo más soez u ordinario, desde lo más bajo, disminuido y decadente, poseemos un talento maravilloso para la creación, la ingeniería, el arte, porque insultar es un arte; la belleza de poseer una destreza mayor a todas las capacidades de otros pueblos: estamos aquí y resistimos con una sonrisa en los labios aunque nos estemos cayendo a pedazos. Ese es nuestro mayor valor, poder continuar. Valor que a veces olvidamos por estar aguevoniados.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Javier Trejo dice:

    Felicidades. Te he nominado para un premio wordpress de bloggers. Puedes ver los detalles aquí: http://javtt11.wordpress.com/2014/06/17/8-nuevos-premios-de-bloggers-para-enero11/

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