HUGO CHÁVEZ: LA APOTEOSIS DE BOLIVAR Y EL CORAZÓN DE LA PATRIA

Chavez.

Prólogo

“Somos animales de costumbre”, de esta manera reza el triste adagio popular. Sin embargo, podría voltear ésta concepción social y decir que nos hemos acostumbrados a ser animales.

Como pedagogo debo demostrar una paciencia olímpica y tolerar ciertas cosas de lo que somos, pero, ciertamente, he de estar convencido de que el conocimiento transforma, que el conocimiento de una verdad universal es capaz de cambiar el toda mente en virtud  de su emancipación; entonces siento una especie de odio hacia cierto tipo de humano y un consuelo eterno al mismo tiempo.

Sinceramente, un ser humano que es incapaz de ser moldeado y trasformado por el conocimiento factico, empírico, epistemológico o al menos teórico del entorno, de las cosas, del cosmos, de su realidad inmediata; debe perder el estatus de humano. Debe abandonar su humanidad y considerarse a sí mismo un “animal de costumbres” con la costumbre, de ser animal.

Perdóneme por la rudeza de mis palabras, querido lector, la fortaleza que dejo ver es a propósito. Desde mi fuero interno, quisiera que dejara de leer hasta este punto, porque creo que ya sabe por dónde viene la “cosa” de este escrito.

Se trata de componer algunas verdades. Poner en una misma cajita los hechos, mezclarla con la razón, aplicarle un poco de filosofía, de psico-historia y luego abrirla poniendo la misma cara que puso Pandora: la de repulsión por sí misma.

En este caso, espero que tenga Ud. el estómago fuerte, no es un escrito para las vísceras, sino para el intelecto, para la mente acostumbrada, pero rápida en liberarse de las costumbres, para una mente preparada que soporta las verdades gayamente. Y con esa determinación, entender que toda nueva verdad trae consigo un espíritu nuevo, así lo he entendido en el curso de mis elucubraciones, que todo espíritu nuevo se acerca con las virtudes de destructor y creador de la polémica. Todas las verdades son polémicas.

Solo espero que al finalizar con la última de las ideas, se haya trasformado para bien o para mal, porque, el verdadero “juico final”, es solo suyo…

     La apoteosis de Bolívar

     chavez-bolivar

    Indudablemente, Simón Bolívar, fue un gran hombre. Su nombre, va acompañado de singulares epítetos: El genio de América, El Sabio, El Genio Militar. El Libertador.

Las leyendas en las que sus protagonistas son hombres comunes, se cran gracias a la apología que el pueblo suscita sobre ellos. De esta manera, la verdad que se esconde tras la leyenda queda oculta, dejando que el pueblo alimente de ideas irreales la historia y perpetuándolas gracias, desde luego, a la costumbre. 

La fe en las leyendas es tan grande que terminan convertidas en arquetipos y sus protagonistas en dioses. He aquí, que la suma de los años y de la constante idiosincrática de la sociedad hispanoamericana, hicieron de Bolívar un Dios y centro arquetípico suramericano. Sin embargo, los hechos históricos registrados por quienes le conocieron, desestiman su divinidad y hasta sus singulares nombres.

El un inicial sustento de esta hipótesis me lo da Carl Marx, en su biografía sobre Bolívar sostenida en una carta a Engels en 1858, llama a Bolívar, y cito “canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque” refiriéndose al Emperador Faustino I de Haití (…) “La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar”. Marx (1858).

En su trabajo, Marx refleja el carácter de Bolívar, en lo que habla de la entrega de Francisco de Miranda a España, lo hace siendo recompensado con pasaporte español por “’servicio prestado al Rey de España con la entrega de Miranda”.

Luego se refiere a su desempeño militar y cita a sí mismo a Piar que llama a Bolívar “El Napoleón de las retiradas”. Bolívar posteriormente manda a fusilar a Piar bajo “falsas imputaciones”, según el propio Marx. Sin embargo, algunos historiadores como Francisco Herrera Luque, sugiriendo que Manuel Piar, sería el hijo no deseado de una familia mantuana, (mulato en sí) y que hasta podría ser medio hermano de Bolívar. Recordad, que al ser fusilado Bolívar dice sobre Piar: “he derramado mi propia sangre”.

Para Marx, Bolívar es una leyenda, una creación del pueblo, existió, claro, pero el pueblo lo elevó hasta hacerlo inamovible en su divinidad, en su apoteosis. Para quienes se conducen con los vientos izquierdistas de hoy en día, la idea de Marx hablando de esta forma del Libertador, debería ser perturbadora; tanto que se podría decir que quiénes apoyen la ideología de Marx traicionan a Bolívar. Mucho más aquellos que tratan de poner su ideología junto al ideal bolivariano.

A continuación unas descripciones de Simón Bolívar del libro de 1829 llamado “Memorias de Simón Bolívar” del alemán y General del Ejército Libertador H.L.V. Ducoudray Holstein:

“Cuando desea persuadir o convencer a alguien de su propósito, él emplea las promesas más persuasivas, tomando a un hombre del brazo y caminando y hablando con él como si fuera el más íntimo de sus amigos. Tan pronto como obtiene su propósito se vuelve frío, arrogante y algunas veces sarcástico; pero nunca ridiculiza  de frente a un hombre de alto carácter, a un hombre valiente, sino en su ausencia. Esta práctica de abusar de la gente en su ausencia es característica de los caraqueños generalmente.”

El coronel Hippisley, citado por Ducoudray, en el mismo libro,  afirma que Bolívar es “una imitación de un gran hombre. Él aspira a ser un segundo Bonaparte en Sur América, sin poseer un solo talento para los deberes del campo de batalla o de la administración”… sobre la inteligencia militar sostiene: “Tácticas y movimientos militares son tan desconocidas para él como para un soldado de más bajo rango. Él desconoce completamente la idea de regularidad (…) Debido a esto es que surgen los desastres y las derrotas que sufre, viéndose obligado a retirarse constantemente”.

El libro de Ducoudray, fue publicado en 1829 en francés e inglés; se cree que Marx se encuentra con el escrito y sustenta en él su biografía de Bolívar para la Enciclopedia de América.

Hugo Chávez: El Corazón de la Patria

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Hace tres años escribí un libro que permanece polvoriento en una gaveta, llamado “Lo Que Somos”, éste, trataba de responder en cuatro partes (Desde el comienzo, Lo Que Somos, Lo Que Tenemos y Lo Que Necesitamos), quiénes somos como pueblo hispanoamericano. Descubrí entonces, por primera vez en La Apoteosis de Simón Bolívar su relación con nuestra identidad.

También descubrí una idea que llamo la relación  pastor-rebaño, rey- súbdito. Esta relación supone la susceptibilidad a creer en un líder universal, en una promesa mesiánica que nos salve y que nos libere de los problemas que podríamos solucionar por nosotros mismos con un poco de voluntad.

Así es como Bolívar se convierte en un Dios, posiblemente “sin atributos para serlo”. Sin embargo, la fortaleza de la leyenda permite que, en los actúales momentos se refuerce la apoteosis y se deriven de ellas sincretismos religiosos, arquetipos, e idolatrías extremistas. Tal y como la canción Viva Venezuela lo manifiesta: “Cuando Bolívar nació, Venezuela pegó un grito, creyendo que había nacido un segundo Jesucristo”; si es éste el caso, entonces Bolívar es un Dios derivado de otro Dios o sincrético del dios cristiano. En ese caso si Neruda tiene razón y Bolívar despierta cada cien años cuando despierta el pueblo”: entonces Chávez es en sí mismo una representación arquetípica de Bolívar y de Jesús al mismo tiempo, una reencarnación, un motivo de fe y de apología.

Si Chávez ha realizado algo por el pueblo ha sido, indudablemente, renovar el sentimiento patriótico, es y ha sido fijarnos en que somos una patria que debería ser más grande de lo que es, y que las viejas políticas “democráticas” fallaron dejando a Venezuela en la ruina. Pero, en base a esta verdad se ha erigido como pastor, como mesías y como Rey, a sabiendas de la susceptibilidad de la gente para caer en promesas religiosas. Así mismo instaló en el pueblo la muy Marxista idea de resentimiento y el odio entre las clases sociales, porque todo Dios necesita de su Diablo.

Cómo símbolo subconsciente fue invencible, fue un motor que calentaba las entrañas, que levantaba el pecho, que removía emociones y las inclinaba hacia la izquierda. Si se busca una razón para su aparente invencibilidad la respuesta es: que se ha presentado como la reencarnación de un dios que se sincretiza con otro Dios, simplemente eso.

Si se busca una forma de vencer sus ideas y su presencia en el imaginario colectivo del vulgo, se debe destruir al Dios Primigenio, el dios cristiano, y a su leyenda, provocando lo mismo que provocaron los filósofos en El Siglo de las Luces, la racional y anarquista concepción de que no dependemos de nadie, que no hay dios, que no hay rey, que no hay mesías, que no hay pastores, que solo nosotros y nuestra voluntad es lo que necesitamos. Así podríamos creer que somos independientes verdaderamente, así cada quién se encargará de sí mismo en vez de ser un pedigüeño desvergonzado, indigentes de una política populista.

Ese visceralismo, esa emocionalidad, esa tendencia religiosa, nos ha mantenido en la oscuridad desde antes de nuestra independencia, simplemente evidencia que nos falta lo que nunca hemos poseído: El Renacimiento, como estudio preparatorio para crear una Ilustración, una era racional latinoamericana, un Siglo de las Luces para nosotros, no como un recuerdo pasajero y supuestamente influyente del siglo dieciocho ¿Qué venezolano que ame a Bolívar ha leído Voltaire o a Rousseau, o a Montesquieu, a Platón, Aristóteles, La Guerra de las Galias de Julio Cesar ?, ¿Quién sabe lo que realmente es la democracia? El vulgo cree que la democracia se mide por las cantidades de veces que se ha votado en quince años, lo cual es un absurdo.

Pero falta poner en el tapete el error de la democracia. El error de la democracia es que cualquiera puede votar, los que saben y los que no saben, los sabios y los ignorantes. Los griegos ya se habían dado cuenta de ello en el pasado, por eso es que “la primera función del estado es educar al pueblo”. Es absurdo considerar que la mayoría es sabia. Yo sé que no es así, lo sé de primera mano. Vivo aquí. Sufrimos por las decisiones de la mayoría, la mayoría sin luces.

Finalmente, quiero confesar que concuerdo con Marx en cuanto a la “fuerza creadora del pueblo” y su capacidad para “inventar leyendas”, creo que es en lo único en lo que podríamos congeniar a aparte de su estudio sobre la economía y sus conceptos y definiciones. La Apoteosis de Bolívar es un hecho de repercusión psicoanalítica en el subconsciente social, así como el sincretismo de Hugo Chávez, y que podemos desentrañar sus mecanismos de defensa venciendo la mente del colectivo y de la mayoría, como haría Freud.

Esta es la explicación del momento histórico que vivimos.

¿Qué es lo que existe en el corazón de la patria? Una concepción errónea de la historia, una predisposición a la religiosidad, a seguir al pastor, ser súbditos e ignorantes, a llenar su pecho de emoción en vez de llenar su mente de conocimiento y de luz, una necesidad de que se resuelvan los problemas en vez de resolverlos por sí mismo, una falta de voluntad. Una debilidad de doscientos años.

 

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Rgedler dice:

    Epale Compadre muy bueno esta este análisis que hace

    Me gusta

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