Hiperbórea

     Nunca le hemos buscado una explicación al misterio de lo que somos, nunca hemos sido profundos en la hermenéutica, ni en la dialéctica, nunca hemos visto demasiado en nuestro interior, ni hemos comprendido la existencia filosófica de nuestro destino en el mundo. Andamos desnudos y no tenemos historia, todo nuestro génesis es un mecanismo de defensa, lo que hemos creado nos identifica y nos caracteriza, pero no nos define porque no sabemos quiénes somos. Somos un subcontinente decadente, nuestro avance por los siglos es paso a paso una firme caminata de inconsistencia, y aún así continuamos. Pero este continuar no es siquiera contemplado con ojos analíticos sino con oídos viscerales.

     Cada yerro es una marca en el tiempo, un vórtice que nos devuelve al origen como un ciclo ininterrumpido de decadencia. Así es nuestro país, así son nuestras naciones: Repúblicas inconstantes, sociedades débiles y un pueblo refugiado en el resentimiento y el auto engaño, que culpa a terceros de los propios problemas que crea.

     Y ¿por qué? Jamás hemos visto hacia arriba, jamás hemos aspirado mejores aires, jamás el espíritu anarquista ha sido lo suficientemente fuerte como para sostener el futuro en nuestras manos. Nuestra infelicidad es proporcional a nuestra debilidad, no tenemos poder porque nuestro poder fue un regalo de los ignorantes a los ignorantes. Nos hemos puesto a esperar que las viejas promesas de Religión y Estado resuelvan nuestras dificultades con juramentos inflados de retribución y venganza. En esa necesidad de que hagan por nosotros, renunciamos a nuestros deberes para que otros se encarguen de ellos, pero no comprendemos que al renunciar a la praxis de nuestros deberes, esos mismos a quiénes se los hemos legados, se apropian de nuestros derechos y los administrarán como mejor les plazca.

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     Por eso vemos a los adolescentes abandonar las escuelas y los liceos y adquirir un vehículo motorizado como trabajo informal siendo esclavos de la necesidad, renunciando a aires mejores y más libres y de todo lo que conlleva una vida más o menos digna.

     Vemos que la gente no tiene la voluntad de realizar nada por sí mismo sino que se sienta a esperar a que el “Estado” le resuelva sus problemas: – Un hombre en televisión con cinco hijos y una mujer se pone a gritar que el gobierno tiene que darle una casa-. Vemos como quién recibe el beneficio del estado es un esclavo que debe votar constantemente por sus beneficiaros, aunque esté en desacuerdo con éstos porque le perjudica a largo plazo, renuncia a su dignidad por un favor y se hace esclavo.

     Vemos como sistemáticamente la delincuencia se incrementa, que cada vez matan a más personas y que menos personas cumplen con las leyes. Vemos a un presidente creer que por bajar los precios de un televisor bajará la inflación en los precios de la comida. Vemos a un líder opositor desconfiar del poder electoral, pero que, por otro lado, manda a votar con confianza por él y ellos. Sin criterio social.

     Vemos a un policía pedirle a un vendedor de comida ambulantes,mil bolívares semanales para permitirle continuar vendiendo, y quinientos a cada buhonero para no molestarlos: Corruptos. Vemos a un grupo colectivos amedrentar a una población en un barrio popular porque pega a la cacerola al no estar de acuerdo con el resultado electoral. Vemos a un psiquiatra-político crear arquetipos obvios y apologías vacías, que una oposición descerebrada no sabe leer ni interpretar, ni mucho menos contrarrestar con lógica epistémica y a un populacho que es incapaz de definir manipulación psicológica con sus propias palabras.

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     Por todo lo que hemos visto: dos visiones separadas, equivocadas y contraproducentes, y la ausencia de una tercera visión más elevada, más septentrional y suprema. Los símbolos que tenemos y sus complementos son insuficientes y erróneos, lo que pensamos que es la verdad es mentira y la mentira de la que nos resistimos es la verdad: Ser pobre es bueno, ser rico es malo.

     La riqueza es el conocimiento y la sabiduría es: la voluntad de poder.

     ¿Cuándo nos perdimos? Todos tendrán una fecha en la mente, unos pensarán que nos perdimos en los cuarenta años de democracia decepcionante del siglo pasado, otros sin ver más allá creerán que fue a partir de los dieciséis años de Revolución.

     Yo digo que mucho antes, yo digo que desde hace doscientos años. Yo digo en la independencia. Yo digo con la traición hacia Miranda. Yo digo en la creación de la República. Yo digo mucho antes. Yo digo en la Conquista, yo digo con la Religión Católica, yo digo desde que los españoles llegaron a América. Yo digo siempre.

     Hemos estados perdidos siempre. Porque nos hemos limitado a imitar a los europeos y fracasar, a comprender y sostener a los africanos y fallar, seguir a los norteamericanos y tener consecuencias más desastrosas aún. Cuando pienso en todas las revoluciones que han habido en Latinoamérica y en la Venezuela Republicana: Liberal, Amarilla, Azul, Campesina, Conservadora, Federal, Democrática, Socialista en este momento. Ninguna de estas ha llegado a nada, hemos aplaudido como focas las victorias y cambiando de bando tan rápido que nos da vueltas la cabeza; y aun así, no hemos llegado a nada como nación, como país, como sociedad, ni como individuos porque nunca nos hemos cambiado a nosotros. Somos los mismos ignorantes de siempre. Somo la constante.

Debilidad-económica

     Cambiamos la República hasta cinco veces en su fundación y continuamos dando pasos sin sentido, cada paso es un vórtice que nos regresa al origen y nuestro génesis es un mecanismo de defensa, porque no tenemos historia y no sabemos quiénes somos, porque nunca hemos pensado filosóficamente nuestro destino en el mundo. No hemos comprendido que la única forma de salir del laberinto es tomar nuestro destino en las manos como individuos. Hemos visto supuestos hombres grandes y alabamos a estos supuestos hombres grandes, sin saber lo que es la grandeza.

     Este acto es un acto de rebeldía, de transmutación, de transformación interna, de anchura del alma. Esto es el hiperbóreo, esto es la Hiperbórea, un lugar en donde el poder es alcanzado con el conocimiento, un lugar donde renacer y en donde todo lo Ilustrado y lo fuerte es lo contrario a lo mal hecho, a lo débil, a lo resentido; que es aniquilado y puesto al sol para que su podredumbre espante a los débiles, a los ignorantes y a lo mal engendrado.

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     Mi invitación es a crear un ejército de bien entendidos hiperbóreos y recuperar lo que es nuestro, que los sabios recuperen su lugar, pero antes hay que hacer sabios a los ignorantes y que sea grande la Legión. Ese es nuestro destino: lo que nos ha hecho daño es la ignorancia del pueblo, el aprovechamiento del sacerdote y del político y la debilidad de los sabios. Pero, haremos de este lugar Hiperbórea, nuestro sitio de reunión, nuestro cuartel estratégico, nuestra aula de clases, nuestro asidero. Hasta que se abra en dos la montaña y descendamos. No para destruir, no para aniquilar, no para separar: para crear, porque somos mejores que ellos. Esto es lo que seremos: Elevados, grandes, ilustres, guerreros y poetas.

¡Hiperbóreos, seguidme!

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